Después de leer el editorial publicado el 14 de Junio de 2012 por el diario El Espectador quiero rescatar esta reflexión:
Los trinos de Alvaro Uribe representan un sector de la sociedad retrógrada y llena de violencia que no aporta a la construcción de paz en el país. Las declaraciones del ex presidente Uribe ponen en evidencia una vez más como se le llama terrorista al que piensa diferente. Un país al revés donde el terrorista no es el que masacra a la gente, ni viola los derechos fundamentales en las regiones sino el que denuncia los atropellos y los abusos del poder. Llamar a los periodistas 'sicarios' resulta ser tan aberrante como las 'bobaditas' que ocurrieron en todas las esferas de su gobierno durante sus dos periodos.
Tan polémico como indignante resulta que una persona que dirigió el país durante una década continúe con sus estigmatizaciones. El resultado no puede ser otro distinto al rechazo rotundo de todos los que ejercemos un ejercicio responsable y de periodismo. En general, este rechazo no debe venir únicamente de nosotros periodistas sino de toda la sociedad que busca en la información una manera de evaluar los procesos y no reaccionar únicamente a los prejuicios en los que ese tipo de dirigentes convoca.
Sin embargo, en ese proceso de memoria selectiva se podría recordar que durante sus 8 años se negó la guerra mientras todos los días se presentaban combates, se realizaban masacres con negligencia o participación de las Fuerzas Armadas. Se perseguía y declaraba objetivo a políticos de oposición, periodistas y defensores de derechos humanos. Un gobierno que logró impulsar una ley de justicia transicional que terminó siendo un fracaso y la puerta de escape para uno de los actores armados más cobardes y sanguinarios de la historia de la guerra en el país: Las Autodefensas.
¿Qué se puede esperar de una persona que durante su gobierno le dio la relevancia a los victimarios y no a las víctimas? Un modelo de construcción de país representado en los nexos con las mafias y la impunidad hacia los paramilitares. Colombia ha pasado los últimos 8 años revaluando los valores de la democracia en la unanimidad. 8 años donde cualquier brote de diferencia o crítica era considerado un acto de alta traición. 8 años en donde los valores de la sociedad se recogieron en expresiones de odio, venganza, dolor, justificando el todo vale, como si está legitimara la construcción de una paz duradera.
No es extraño que en una sociedad que ha vivido sumergida en un desinterés y en una doble moral respecto a su tragedia, los horrores de la guerra y los atropellos de aquéllos que quieren un país sin crítica, sin opinión, sin diferencias tengan un escenario favorable. Vivimos en un país al revés. En una sociedad indiferente, cansada pero a la vez responsable de la suerte que carga en su espalda.
Lo cierto es que todos somos los únicos que decidimos si continuamos el juego a esa clase dirigente que quiere ver un país dividido y sin alcanzar la paz.
Lea el Editorial de El Espectador: http://www.elespectador.com/opinion/editorial/articulo-353250-periodistas-sicarios
Tan polémico como indignante resulta que una persona que dirigió el país durante una década continúe con sus estigmatizaciones. El resultado no puede ser otro distinto al rechazo rotundo de todos los que ejercemos un ejercicio responsable y de periodismo. En general, este rechazo no debe venir únicamente de nosotros periodistas sino de toda la sociedad que busca en la información una manera de evaluar los procesos y no reaccionar únicamente a los prejuicios en los que ese tipo de dirigentes convoca.
Sin embargo, en ese proceso de memoria selectiva se podría recordar que durante sus 8 años se negó la guerra mientras todos los días se presentaban combates, se realizaban masacres con negligencia o participación de las Fuerzas Armadas. Se perseguía y declaraba objetivo a políticos de oposición, periodistas y defensores de derechos humanos. Un gobierno que logró impulsar una ley de justicia transicional que terminó siendo un fracaso y la puerta de escape para uno de los actores armados más cobardes y sanguinarios de la historia de la guerra en el país: Las Autodefensas.
¿Qué se puede esperar de una persona que durante su gobierno le dio la relevancia a los victimarios y no a las víctimas? Un modelo de construcción de país representado en los nexos con las mafias y la impunidad hacia los paramilitares. Colombia ha pasado los últimos 8 años revaluando los valores de la democracia en la unanimidad. 8 años donde cualquier brote de diferencia o crítica era considerado un acto de alta traición. 8 años en donde los valores de la sociedad se recogieron en expresiones de odio, venganza, dolor, justificando el todo vale, como si está legitimara la construcción de una paz duradera.
No es extraño que en una sociedad que ha vivido sumergida en un desinterés y en una doble moral respecto a su tragedia, los horrores de la guerra y los atropellos de aquéllos que quieren un país sin crítica, sin opinión, sin diferencias tengan un escenario favorable. Vivimos en un país al revés. En una sociedad indiferente, cansada pero a la vez responsable de la suerte que carga en su espalda.
Lo cierto es que todos somos los únicos que decidimos si continuamos el juego a esa clase dirigente que quiere ver un país dividido y sin alcanzar la paz.
Lea el Editorial de El Espectador: http://www.elespectador.com/opinion/editorial/articulo-353250-periodistas-sicarios